Etapas del discernimiento vocacional
® Pbro. Pablo A. Villafranca M.
Primera Etapa
Etapa del Descubrimiento.
En nuestra vida suceden acontecimientos que se ven marcados por una
realidad profundamente humana: la del "descubrimiento". En
nuestra niñez prontamente descubrimos la seguridad y el deber
de obediencia a nuestros padres y mayores. En la pubertad y adolescencia
ocurre el descubrimiento de la sexualidad, y genitalidad que se asientan
en nuestro cuerpo e inciden en el espíritu; al mismo tiempo hacemos
el descubrimiento del 'otro' no como objeto del que puedo disponer,
sino como sujeto con el que puedo caminar. Es en este tiempo precioso
de novedades, es que también hacemos el descubrimiento del mal
uso de la libertad, de los vicios, de la superficialidad y el desorden
en la vida; pero al mismo tiempo, descubrimos que estamos hechos para
algo más grande; en el corazón sobrepujan una serie de
anhelos y sueños que buscan realizarse con imperiosa necesidad.
Es en estas etapas donde urge descubrir para que estamos aquí,
en este mundo, en este momento de la historia, en el seno de una familia
concreta, de una parroquia específica y en una Iglesia que tiene
urgencia y demanda de cristianos auténticos pero en diferentes
vocaciones y ministerios.
La Pastoral Vocacional ofrece en este primer trimestre una serie de
temas que invitan al descubrimiento de "uno mismo", "del
otro" y del "Totalmente Otro": Dios.
CONTENIDOS:
1. ¿Quién soy? La realidad y el drama de la búsqueda.
2. ¿Qué talentos tengo en mis manos? La conciencia
3. ¿Qué quiero ser? Las metas y prioridades de mi vida
4. ¿Qué quieres señor? ¡Habla que tu siervo
escucha!
SIGNOS Y SÍNTOMAS DE UNA LLAMADA DE DIOS A ALGUIEN A CONSAGRASE
A ÉL EN LA VIDA RELIGIOSA O LA VOCACIÓN SACERDOTAL
Como en el amor humano, en la vocación sacerdotal no hay reglas
absolutas. Se puede, sin embargo, tener en cuenta algunos aspectos o
rasgos generales que ayudan a discernir si un joven está siendo
llamado por Dios o no.
1. Vida en Gracia. Podemos decir que el fin último
del ministerio sacerdotal es lograr que todos los hombres vivan en Gracia
de Dios y así se salven eternamente. Para eso vivió, murió
y resucitó Jesucristo Nuestro Señor, para darnos Vida
Eterna. Sería por tanto una contradicción pensar en dedicar
la vida entera a este fin, desde una condición permanente de
pecado mortal.
Los cristianos, auxiliados por los Sacramentos, debemos y podemos vivir
permanentemente en Gracia. Es por eso que recibe el nombre de Gracia
Habitual. Siendo frágiles cualquiera puede en un momento dado
cometer un pecado mortal y verse así privado de la Vida Divina,
pero eso sería la excepción. Un buen católico no
tolera vivir en pecado y busca la Reconciliación con Dios en
el Sacramento de la Penitencia lo más pronto posible.
Cuando un muchacho vive normalmente en pecado ya sea por vicios adquiridos
o por decisiones equivocadas, como puede ser el tener una amante, no
puede pensar en serio en el sacerdocio. Algunos grandes Santos han sido
también anteriormente grandes pecadores, pero respondieron al
llamado Divino convirtiéndose sinceramente dejando su condición
de pecadores. San Agustín es un ejemplo clásico de ello.
2. Gusto por las cosas de Dios. Muy raro sería que se manifestara
una vocación en un muchacho tibio y desapegado. Por lo general,
existe una inclinación, tal vez heredada y vivida en la familia,
hacia lo religioso. Familias profundamente religiosas, donde Dios está
presente, donde la oración es frecuente y la asistencia a Misa
es gozosa y festiva, no es raro que se vean bendecidas con el llamado
de alguno de sus hijos al estado sacerdotal o de una hija a la consagración
religiosa.
El gusto por las cosas de Dios, a pesar del mal ambiente familiar, puede
llegar súbitamente como un magnífico descubrimiento a
partir de un encuentro con Cristo, por ejemplo en una Jornada de Vida
Cristiana o un Retiro Espiritual. De pronto Dios es el personaje más
importante en la existencia y todo lo que tenga que ver con Él
es maravilloso: Biblia, Sacramentos, catequesis, apostolado, parroquia,
oración, obras de caridad, liturgia, etc... No es de extrañar,
por lo tanto, que se diga: "Esto es lo mío" y piense
en entrar al seminario.
3. Capacidad intelectual. Cuando un joven ha podido terminar estudios
equivalentes a la preparatoria o vocacional, está demostrando
al menos dos cosas: cierta capacidad intelectual y haber tenido la disciplina
suficiente para obtener un certificado o diploma. Podemos sospechar
que los estudios sacerdotales no serán un obstáculo infranqueable.
En el seminario y cualquier casa de formación religiosa se estudia
mucho y por largos años. Por lo general son tres años
de filosofía y cuatro de teología, aparte de un año
de noviciado si el muchacho quiere pertenecer a una congregación
religiosa. Es por eso que hacen falta tanto la inteligencia como la
perseverancia. Los sacerdotes, al final de sus estudios, son tan profesionales
o más, que un licenciado, ingeniero o doctor. Ojalá los
católicos remuneraran sus servicios pastorales al mismo nivel
que pagan los servicios profesionales de un médico o un abogado...
4. Equilibrio emocional. El ministerio sacerdotal o la consagración
religiosa, y la vida misma en el seminario o casas de formación,
van a someter al joven a duras pruebas y presiones. Es por eso que se
requiere de una estabilidad bien cimentada. Las personas frágiles,
volubles, en extremo emotivas, desequilibradas, no son aptas para el
sacerdocio y tal vez ni para el matrimonio. Cuando se tiene sobre los
hombros la responsabilidad de una parroquia o la dirección de
una escuela, cuando los problemas de la gente llegan por todos lados,
cuando hasta las tentaciones acechan, es necesario poseer una ecuanimidad
y un dominio de sí a toda prueba. Una persona sin esas cualidades
será un problema permanente tanto en el seminario, como en la
casa de formación, y siempre en la vida ministerial o religiosa.
5. Vida de castidad. Relacionada con la estabilidad emocional
viene la capacidad de vivir en castidad perfecta. En un mundo sexualizado
al máximo, en donde se concede un valor absurdo e indiscutible
a la actividad sexual, sea del tipo que sea, el voto de castidad parece
una locura incomprensible. El mismo Señor Jesús apuntó
tanto la grandeza de la castidad "por el Reino de Dios", como
la incomprensión del mundo hacia esa actitud (Mt. 19,12).
Muy en contra de lo que nos bombardean los medios masivos de comunicación,
la obligación de la castidad es absoluta para los solteros ("No
fornicarás") y aún los casados deben comportarse
dentro de su matrimonio según la ley de Dios en lo que podemos
llamar "castidad matrimonial".
El candidato al sacerdocio y a la vida consagrada, es invitado a continuar
viviendo la castidad del célibe cristiano, permanentemente, por
el Reino de los Cielos. Si ya desde joven ha comprobado tristemente
que no le es posible la continencia, debe antes de atreverse a emitir
el voto de castidad, comprobar que ha superado esa debilidad y puede
en el futuro ser fiel a su promesa.
El voto de castidad hace del sacerdote y del religioso y religiosa,
no solamente un hombre o mujer libre de las cargas inherentes a la vida
de familia, sino también un signo impactante para el mundo, de
los valores trascendentales del Reino de Dios. El que un hombre o mujer
renuncie a una cosa tan de acuerdo con la naturaleza humana, como es
formar una familia, supone un acto de fe formidable en la Vida Eterna
de la Gloria.
6. Amor a la Iglesia. El sacerdote y el consagrado a Dios, trabajan
tiempo completo por el Pueblo de Dios: Todas sus energías, proyectos,
ilusiones, van encaminadas a la instauración del Reino de Dios
en la tierra, extendiendo sus límites a los confines del mundo.
En otras palabras, toda su vida en una apasionada entrega a la Iglesia.
Un muchacho que ha descubierto el proyecto de Dios, ama ya a la Iglesia
y trabaja por ella en obras de apostolado desde su posición laical.
No solamente medita directamente el Evangelio, sino que estudia asiduamente
los documentos del Magisterio, tan importantes como aquél. Escucha
atentamente la voz del Papa y del Concilio, se interesa en los acontecimientos
eclesiales como pueden ser los viajes pastorales del Papa, las reuniones
episcopales como el CELAM, etc... Es en otras palabras, un "hombre
de Iglesia". Ingresar al seminario o a una casa de formación
religiosa no sería sino un lógico paso en la entrega ya
iniciada en su parroquia o en algún movimiento apostólico.
7. Amor a la Eucaristía. Podemos decir que la cumbre del ministerio
sacerdotal es la celebración de la Santa Misa; "y ella es
cumbre y fuente de la vida de todo cristiano." En la misa es cuando
un sacerdote es más sacerdote. Es cuando los poderes sacerdotales
rayan en lo inaudito: ¡consagrar el pan y el vino para ofrecer
al Padre la Víctima Divina y luego repartirla al pueblo fiel!
¿Cómo pensar en una vocación al sacerdocio que
no tenga como meta la celebración de la Eucaristía? ¿Cómo
podría existir una tal vocación en un muchacho que ni
asiste a Misa ni comulga jamás? La intimidad con Jesús
Eucaristía es uno de los signos más claros del llamado
al sacerdocio. Pasar largos ratos ante el Sagrario, participar gustosamente
en la Misa, comulgar no tan solo los domingos, sino a diario si es posible,
sería lo más lógico en el proceso hacia el sacerdocio.
8. Actividad Apostólica. Se ha mencionado que el candidato, por
su amor a la Iglesia, participa en el apostolado. Del mismo modo como
un chico que desea ser futbolista se pasa el día pateando pelotas
y no pierde ocasión de jugar, el muchacho que es llamado al sacerdocio,
se interesa por las obras de apostolado generosamente. Tal vez no lo
reflexione ni se dé cuenta, pero el apostolado se convierte en
el valor principal en su vida. Podemos decir que el celo apostólico
es un signo y un camino de la vocación sacerdotal y de consagración
religiosa.
9. Amor a los hombres. Ligada a lo anterior, el consagrado no se fuga
del mundo ni es incapaz de amar ni tampoco le tiene miedo a las mujeres
o a los hombres; siente un amor y respeto profundo por ellos, el mismísimo
amor de Dios lo mueve y lo apasiona; si no fuera así, estaría
llamado a muchas cosas quizás, pero no a consagrarse a Dios.
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