“Iesu, quando huc vinisti?”
Jesús ¿Cuándo venistes? (Ion.6,25)

Esta expresión recoge el asombro, el interés y la sorpresa de las multitudes que siguen a Jesús y que por momentos temen haberle perdido el rastro. Acostumbrados a buscar con búsquedas no siempre legítimas y que en no pocas ocasiones les han alejado de Dios, no saben a plenitud que Dios mismo esta frente a ellos, se ha acercado a ellos de una manera que no pueden imaginar, de un modo que la mente más ágil nunca pudo intuir: ¡Dios hecho hombre!

La memoria histórica de Israel aparece a veces definida e inquebrantable, pero basta asomarse a cada libro de la Antigua Alianza para descubrir que el amor y la memoria de Israel son inconstantes, no pocas veces su amor es olvidadizo, interesado, amnésico y desvinculado de la realidad:

«4 ¿Qué he de hacer contigo, Efraín? ¿Qué he de hacer contigo, Judá? ¡Vuestro amor es como nube mañanera, como rocío matinal, que pasa! 5 Por eso les he hecho trizas por los profetas, los he matado por las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. 6 Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos». (Os. 6,4-6). La gran tentación de Israel es la de olvidar a Dios o relegarlo, alejándolo de la vida, reduciendo la religión y la fe en el Dios vivo, a prácticas externas que no van acompañadas de disposiciones internas, como lo expresa claramente el Profeta Isaías en 1,10- 25 ¿No nos sucede los mismo?

El Deuteronomio deja claro que Israel no puede ni debe perder la memoria de la alianza: « 1. Todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, cuidad de practicarlos, para que viváis, os multipliquéis y lleguéis a tomar posesión de la tierra que Yahvéh prometió bajo juramento a vuestros padres. 2. Acuérdate de todo el camino que Yahvéh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos». (Dt. 8,2) Pero Israel es inconstante, basta con leer como a Josué le dicen que servirán a Yahvéh en Jos. 24,14-28 y en Jueces 2,11 ya se olvidaron de Dios y de su alianza...

La memoria de nuestro encuentro con Dios.

Jesús, ¿cuándo viniste a mí?
¿ Recuerdas cuando fue que Dios te llamaba a encontrarte con él? ¿Recuerdas como fue tu encuentro con un Dios encarnado que sientes que te está llamando quizás a algo que no ves claro aún? Dios llama directamente, a través de los hombres o de las limitaciones o carencias. ¿Cómo llegó Jesús a ti? ¿Un sacerdote? ¿Tu madre? ¿Tu padre? ¿Una religiosa? ¿Un religioso?? ¿Quién te dijo que te amaba y te llamaba? ¿Quién te ha sugerido que te entregues a él?

Recuerda que fuiste esclavo en Egipto...

Jesús no quiere obsesión por el pasado, no quiere ataduras de ayer, no quiere puestas de manos en el arado y miradas hacia atrás, «recordar» es mantener viva en el alma la hora del encuentro, la hora del seguimiento, la hora de la entrega. Jesús no quiere que recuerdes para sufrir, para quedarte anclado (a) en los traumas y caídas de ayer; no quiere que recuerdes para guardar rencor y no poder perdonar, no es ese recuerdo el que desea. El recuerdo que Dios suscita a través de su espíritu es lo que los especialistas llaman «memorial»: memoria de la fe y de la gracia: actualización presencia de tu entrega, de tu donación a Dios y la donación de Dios a ti. Memorial como el de la misa, recuerdo actualización de gracia, de la gracia de haber sido amado (a), llamado (a), elegido (a) por y para El.

Recordar la irrupción de Dios en tu corazón y en todo tu ser, actualiza tu amor, lo renueva, lo fortalece, lo hace crecer, por eso la memoria del corazón y de la conversión se debe activar en el memorial de la eucaristía, en ella se renueva, fortalece y afianza el amor de los esposos, de los discípulos de Cristo y de los consagrados. Si recordar es volver a vivir: su mirada, su invitación, su elección…, en la eucaristía, recordar es presencializar, es también actualizar, re- vivir y re-a-vivar nuestra búsqueda de un SI que desemboque en una generosa entrega.

La SCR en la Instrucción Caminar desde Cristo, así nos lo ha dicho en el número 26 y 27:
La Eucaristía lugar privilegiado para el encuentro con el Señor
« Dar un puesto prioritario a la espiritualidad quiere decir partir de la recuperada centralidad de la celebración eucarística, lugar privilegiado para el encuentro con el Señor [...] Todos tenemos necesidad del viático diario del encuentro con el Señor, para incluirla cotidianeidad en el tiempo de Dios que la celebración del memorial de la Pascua del Señor hace presente».

Considera una y otra ves los ambientes, situaciones, lugares y personas que intervinieron en tu encuentro con Dios.

Dios vino a ti...

En tu familia habían muchas personas; en tu aula de clases seguramente habían de las más variadas y coloridas personalidades y edades de jóvenes como tú; en tu barrio, pueblo habían muchas coetáneos (as), amigos (as) de tu misma edad, pero sólo tu escuchas: en tu vida, con tu corazón, con tu ser, tus fuerzas y debilidades, escuchas... Quizás crees estar enloqueciendo. Observas a tu alrededor esperando que otros reaccionen, aguardas que otros se levanten, que respondan por ti y que tomen la delantera..., pero sólo tu escuchas, sólo tu empiezas acoger lentamente esa invitación, y con dudas y temores, vas dando crédito a ese impulso interior que viene de fuera de ti, pero al mismo tiempo que habita en ti.
Quizás fijas tu atención en tus limitaciones, en tu inteligencia, en la soltura o estrechez de recursos y vacilas, temes así en ocasiones y casi lo abandonas todo, pero te das cuenta que él sigue allí con su mirada serena: la misma mirada que se cruzo con los ojos sorprendidos de Magdalena, la misma mirada que atravesó como un rayo a Simón Pedro en la noche de la traición, la misma mirada que rasgó la seguridad de Céfas al ser interrogado: ¿me amas, más que estos?

Consagrados para Dios....

«En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo. (I Jn. 4,10)

Dios te apartó para sí desde siempre y aguarda tu sí, como aguardó el sí de María, como aguardó el sí de Simón, de Ignacio de Loyola, de Teresa de Jesús, de Edith Stein..., aguarda pacientemente… ¿Esas dispuesto a responderle? Da un sí, aunque sea con timidez, otros lo darán con valentía, otros con emoción, otros a regaña dientes, pero dile sí. Nuestro sí se unirá de este modo al Sí de María, al Sí de Jesús al Padre en la eternidad para la encarnación en el tiempo, al sí pronunciado en la cruz para la redención; nuestro sí se une al Sí «serviam» de los ángeles. Nuestra vida es por eso una llamada que nace de la afirmación y la entrega «vivo, no más yo, y la vida que vivo en el presente, la vivo de la fe en el hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.» (Gal. 2,19b)

? Conscientes
Vivir en Cristo es vivir ? Dispuestos
? Agradecidos

? Por su encarnación
Vivir por Cristo es vivir? Por su muerte y resurrección
? Por su ascensión a los cielos
? Por sus sacramentos

? Vivir fuera de sí en tensión hacia Él.
Vivir para Cristo, es vivir
? Vivir para los demás.

No perder la memoria del llamado y la elección es no perder la llama del amor que se encendió en algún momento de nuestra vida. No apartar la mente del Señor es no apartarse de corazón de él.


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