| Las grande llamadas que Dios hace, no encuentran tan grandes respuestas
Cuando uno se encuentra delante de la escritura se da cuenta que Dios, ha llamado al ser humano a una comunión perfecta con Él; Pero tal parece que Dios encuentra respuestas diversas a las llamadas e invitaciones que realiza. La historia bíblica estará transida de diferentes respuestas y voces discordantes que habiendo escuchado la voz de Dios en determinados momentos adoptan posturas diferentes ante su llamada y al mismo tiempo tienen sus excusas para no seguir la misma. En el camino de discernimiento vocacional, después de la dificultad inicial con la que nos encontramos de no tener claro que es lo que Dios nos está pidiendo, la mayor dificultad que existe, es la de no querer decir sí, no querer dar el consentimiento y disponerse así a asumir la llamada de Dios hasta sus últimas consecuencias. En el antiguo testamento, aparecen diferentes hombres que son conscientes de que Dios los llama, pero todos tienen sus excusas para negarse a seguir esa llamada divina, solo las almas agudas distinguen la prudencia de la cobardía y la dilatación de una respuesta debida a Dios. Moisés es llamado a ser liberador del pueblo hebreo, es llamado por Dios a transformarse en libertador, pero él tienen su excusa: no sabe hablar. ¿Cuál es el resultado? Dios no acepta su dimisión, le asigna su hermano para que hable en su nombre. El profeta Jeremías pone de excusa que es un muchacho, se escuda en su para no seguir la voz de su Dios, y no le acepta la excusa, sino que lo hace profeta de las naciones. Amos pone de excusa que no tiene descendencia profética, no pertenece familia de profetas, no tiene don de palabras y que no ha sido entrenado para ese ministerio que Dios quiere darle, arguye que es vendedor y comerciante de higos, agricultor, ganadero, etc., pero Dios no acepta su renuncia. Isaías al escuchar la voz de Dios desde lo profundo de su corazón teme que responderá a ese Dios y rápidamente pone densas excusas, "que es de labio impuros" y Dios envió a un ángel con una braza encendida a purificar sus labios. ¿Qué excusas tienes para decirle a Dios: todavía o mejor No? Dios llamó a Jonás: le dio un mensaje, una dirección y un destinatario. ¿Parece simple? Ir a Nínive, anunciarle al rey la destrucción en un plazo de cuarenta días. Solamente tenía que cumplir con decirle al rey que Dios le estaba dando la ciudad un ultimátum de cuarenta días y luego sería destruida. El problema de Jonás es que sabe que Dios no es cualquier patrón, luego este no es cualquier trabajo, Jonás teme ser interlocutor de Dios, y sabe que Dios no está pidiendo unos días de trabajo, está pidiendo una vida totalmente consagrada a Él. Es más, no le pide un trabajo, sino que le encomienda una misión, y Dios no está dándole una profesión sino que está asignando una vocación, por eso huye como tantos de nosotros, porque no está ante un trabajo temporal, sino porque está consciente de tener una misión que exige renuncia, compromiso. Muchas veces tener conciencia de la vida a su servicio a tiempo completo, a tiempo completo en familia, al tiempo completo en el noviazgo de cara a un matrimonio, a tiempo completo en la formación que desembocará en la consagración total de un religioso o en la ordenación sacerdotal de un seminarista, da miedo y huimos. ¿En que barcos andaremos montados? ¿Qué huidas habremos hecho? ¿Qué excusas estaremos dando, para decir, luego, quizás, mañana, cuando me bachillere, cuando culmine la carrera, cuando sea mayor...? ¿Qué ha soñado
Dios para ti? ¿Te lo has preguntado? ¿Te interesaría
hacerlo? Piensa en la recompensa y no en los sacrificios ni el esfuerzo.
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