Hijo:

Ayer dijiste: “¡Dios no existe, no me puede pasar esto!” Sabes, lo primero que hice fue entenderte. ¡El dolor te hizo creer que yo no estaba a tu lado y entonces me negaste!

Mira, sufriste, sufres y seguramente sufrirás. Me culpas de tus angustias sin darte cuenta de que es la libertad que doy a ti o a otros la que causa ese malestar. No temas sufrir, el dolor te engrandece, te hace mas maduro. Cuando realmente adquieras la fortaleza que te da mi mano, comprenderás que nada es insuperable, que no hay dificultad que no pueda salvarse o problema que no pueda resolverse.

Tu Fortaleza

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