A continuación algunos de los correos electrónicos llegados a nuestra redacción:

Prot. N. 85/03 V/ 1

A Su Eminencia Rvdma. el Sr. Cardenal Miguel Obando Bravo, Arzobispo de Managua

Ciudad del Vaticano, 21 de febrero de 2003

Eminencia:

La prensa ha divulgado ampliamente los hechos lamentables referidos a una niña de nueve años, víctima de una dolorosa y deplorable agresión sexual, de la cual se ha ~do su embarazo. Consecuencia de tan tristes hechos han sido la crítica situación médica de esta niña y de su hijo aún no nacido (dada la tierna edad de la madre), el temor a las graves secuelas psicológicas, la profunda perturbación de la vida familiar y una considerable polémica que ha superado, como bien sabe Vuestra Eminencia, los confines, no sólo de Nicaragua, sino del inismo Continente americano.

Oportunamente Vuestra Eminencia ha señalado abierta, clara y públicamente la doctrina ineqiiivoca de la Iglesia al respecto. La nueva vida humana en el seno de esta niña, es inocente y don de Dios, y reclama que se pongan todos los recursos de la ciencia médica y de la sociedad para que se atienda debidamente el derecho a la vida. Como afirma el Papa Juan Pablo II, y Vuestra Eminencia ha testimoniado, «cada ser humano inocente es absolutamente igual a todos los demás en el derecho a la vida. Esta igualdad es la base de toda auténtica relación social que, para ser verdadera, debe fundamentarse sobre la verdad y la justicia, reconociendo y tutelando a cada hombre y a cada mujer como persona y no como una cosa de la que se puede disponer." (EV n. 58).


Ante la confusión que se puede generar por determinadas recientes manifestaciones en los medios de comunicación, en relación al inmoral aborto llamado «terapéuticó», es menester recordar, como así lo ha hecho Vuestra Eminencia, que las penosas circunstancias de este embarazo, "aun siendo graves y dramáticas, para emplear las palabras de la Encíclica Evangelium tdtae jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente.» (EV n. 58).

En esta dificil situación, los familiares, los médicos y profesionales, y las autoridades pueden ser magníficos testimonios de una cultura de la vida. Conviene tener muy en cuenta la gravedad de los actuales amenazas contra la vida humana, y la necesidad de una verdadera conciencia social de su valor eximio. Se trata de un aspecto en que la entera sociedad, y especialmente quienes tienen a su cargo el bien común, deben avanzar cada día más en el reconocimiento de las consecuencias de la dignidad de todo ser humano, como la Iglesia viene señalando constantemente.

Quiera Nuestro Señor Jesucristo y Su Santísima Madre confortar las inocentes víctimas de tan execrable suceso, e iluminar las mentes y mover los corazones de todos aquellos que con su servicio a la vida pueden ser de auxilio en las presentes circunstancias.

+ Alfonso, Cardenal López Trujillo
Presidente

+Karl Josef Romer
Secretario


A quien interese:

De la manera más respetuosa y desde la ciudad de Toronto, hago llegar a su organización los más cálidos y sinceros sentimientos de solidaridad y apoyo por su posición con respecto a la vida. Le escribo además para expresar mi solidaridad a Rosa la niZa de nueve aZos que resultó embarazada luego de una violación en Costa Rica.

Desde que me enteré del abominable acto cometido en contra de esta niZita, como mujer y madre se me ha hecho imposible contener los fuertes sentimientos de horror, indignación y repulsión y que brotan desde lo más profundo de mi ser. Como lo expresa MonseZor Jorge Solórzano, dicha barbarie que lamentablemente no tiene reparo ni excusa, tampoco debería tener cabida, justificación, ni amparo en ningún lugar de la tierra ni bajo ningún punto de vista, pero confrontados con la crudeza de este acto inmoral y criminal, el deber de la sociedad es el de defender y proteger hasta donde sea posible la dignidad y los derechos de los inocentes, en este caso la niZa Rosa y el ser que crece en sus entraZas.

Este evento triste, indeseable y nefasto definitivamente ha puesto a esta familia y a la sociedad en general frente a un dilema ético moral muy difícil, doloroso e incómodo, que nos demanda volver la mirada a Dios pero también buscar una solución correcta. No es posible callar frente a un acto tan violento y denigrante, pero tampoco podemos permitir que se use la voz y los medios de comunicación para proponer y promocionar soluciones simplistas y de parche como lo es el aborto, el cual rebaja a los seres humanos y a la sociedad, a niveles infrahumanos y hacia una cultura mucho más violenta aún, donde la muerte del ser intrauterino se justifica, se promueve y se permite.

Quienes movidos por fuertes y justos sentimientos de indignación, hoy sugieren el aborto como la solución a este serio y doloroso problema están equivocados. Un aborto no puede devolverle a esta criatura inocente el bienestar mental, espiritual, corporal ni sicológico que ya le robaron. Un aborto le roba la vida al ser que crece en esta niZa -un ser que si bien es cierto fue creado con ultraje y con violencia, no pidió nacer, pero es un ser al que ya le fue conferido el regalo y el don de la vida. Por eso aunque dolidos, indignados, frustrados y conmovidos no sea sencillo buscar soluciones y alternativas, es claro que el aborto no es una de ella aunque sea justificado por los más nobles y sinceros sentimientos de compasión y solidaridad. Dicha ruta confina a las víctimas a un estado permanente de desesperación y desesperanza en el que es más fácil que la sociedad se olvide de las víctimas. Esa ruta -fácil y simplista- las despoja de su dignidad humana y de paso le roba a todas las personas decentes de la sociedad la posibilidad de transformar este mal y dolor causados en una obra conjunta y buena. Esa obra buena pienso yo y por eso le escribo debería comenzar con un acto público de solidaridad y oración, con una vigila en la que le podamos unirnos para pedirle a nuestra Madre Celestial que proteja a esta niZa y al bebé que crece dentro de ella..

A diferencia de quienes se están aprovechando de esta tragedia para empujar la agenda del aborto usando este caso tan difícil y desgarrador, la Iglesia y quienes nos acogemos al mandato de Dios de respetar la vida y la dignidad de toda persona humana debemos unirnos para firme y claramente apegarnos a esta convicción y seguir defendiendo a todo ser humano (ya sea el que vive y se forma en las entraZas de su madre como el que ya salió de ella) de ahí que, no podemos quedarnos callados. No podemos permitir que se aproveche esta tragedia para que seamos definidos como el producto de una bilogía, ni como una simple fórmula moral, tenemos que luchar para que seamos respetados como lo que somos: la historia de una vida. Sí una historia que comienza con un origen que nos da El Creador, una historia además que comienza con una dote, con su dignidad humana y con ciertos atributos genéticos, biológicos, fisiológicos, psicológicos muchos de los cuales la historia de esa vida -a la que llamamos bebé- no tiene escogencia ni control pero que de todas maneras tiene que dársele el derecho y la oportunidad de terminar de formarse y crecer para que al evolucionar y crecer pueda irse descubriendo y pueda así escribir su propia historia.

Permítame por favor, a través de este medio, invitar a todos quienes solidarizados con las víctimas de esta tragedia y esta niZa sentimos hoy fuertes sentimientos de indignación, a unirnos y canalizar estos sentimientos sinceros de compasión y buscar maneras más efectivas que nos permitan verdaderamente respetar y proteger nuestra niZez. Aboguemos sí por castigar a los culpables de este crimen con todo el peso que permite la ley, pero a las víctimas inocentes brindémosles la atención, el cuidado, el apoyo, la protección, la solidaridad y la ayuda necesarias para puedan contar con lo necesario sino para superar y olvidar esta desgracia, por lo menos para tener la oportunidad de recuperar la dignidad humana que por todos lados hoy les está siendo lacerada.

Los momentos de mayor importancia en la vida de los seres humanos son aquellos en los que las palabras simples y profundas se convierten en vivencia y permiten que el amor con el que hemos sido creados conecte con la vida para dar amor a quien sólo ha experimentado dolor y para dar compaZía al que sólo siente soledad. Para honrar la dignidad que esta niZa y a la vida que crece en ella, pongo bajo la protección de la Santísima Virgen María y nuestra querida beata Sor María Romero a este bebé y el bienestar de la niZa Rosa y con mi familia me mantengo en una vigilia de oración para que se haga la voluntad -no de los hombres- sino la voluntad del Dios del Verdadero Amor y Dios redima al mundo

Respetuosamente,

Rose Marie Loría Sáenz (graduada del Colegio María Auxiliadora de Heredia en el aZo de 1973)

 

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